lunes, 27 de noviembre de 2017

LIBERAR EMOCIONES ESCRIBIENDO

Oigo pasos en la calle,
doy la vuelta y no hay nadie,
voy sintiendo tu mirada,
y sigo andando, tropezando.

Nada me hace cambiar,
después de verte,
te veo en cualquier lugar,
quisiera tenerte cerca
pero qué lejos estás.

Sigo perdida entre dudas
pensando en recuperar
este sueño sin esperanza.

Busco razones para olvidar
desesperados sentimientos
no acaban de sucumbir.

Alegría y tristeza
se mezclan en mi interior,
nos pertenecemos hace tiempo
sin encontrarnos en el amor.

Escribí el poema “En cualquier lugar” como arma emocional para superar la tristeza en un momento de pena por un amor que no podía olvidar.

Hablar de lo que pensamos o escribir sobre lo que sentimos nos ayuda a reflexionar sobre muchas situaciones que nos hacen daño y a la vez es una ayuda para curarnos de uno de esos escenarios que tantas penas y alegrías lleva consigo, ese escenario es el amor.

Lo cierto es que después de un año de la ruptura, todavía tenía el deseo de besarlo, tenía la sensación de sentir su presencia, lo recordaba, hay  personas a las que es difícil olvidar. Pero el tiempo hace que cada vez duela menos y escribir era mi manera de desahogarme, de liberar emociones.

Es mucha la gente que ya lo practica, escribir todo aquello que le preocupa en una pequeña libreta que guarda en el bolso. La escritura personal puede llegar a ser un proceso de autoayuda perfecto que nos va a permitir ir reduciendo el estrés poco a poco. Nos abre un componente personal para profundizar en nuestras emociones y en nuestros pensamientos. Esa hoja en blanco puede ser el mecanismo perfecto para encontrarte a ti mismo.
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Cuando escribimos, nos estamos regalando un espacio de tiempo precioso para pensar sobre nuestra vida porque buscamos siempre  un instante para nosotros, para la introspección.

Nos ayuda también a reconocer emociones que es posible que no pudiéramos llegar a entender de otro modo.


Practica la escritura terapéutica, no lo dudes, dale voz a tu mundo interior y desarrolla tu universo propio para encontrarte a ti mismo.

Begoña Pombar

lunes, 13 de noviembre de 2017

ATRACCION SEXUAL

Te vi,
 y mi corazón latió fuertemente
¡como cambió la tarde para mí!
encontrarnos, mirarnos, hablarnos
era un sueño increíble.

Te toqué y eras real
estabas allí mirándome
con la sonrisa en los labios.
De mi boca salieron palabras
tu boca susurraba melodías
me parecía un mundo aparte
donde los únicos personajes
éramos nosotros.

Te vi,
ahora te recuerdo,
me gustaría estar soñando
que este sueño mío
se convirtiera en realidad.

El poema “Te vi” se inspira en la atracción física cuando nos damos cuenta de que deseamos conocer más sobre esa persona en especial, de explorarla, de ver sus recovecos porque nos sentimos atraídos también mentalmente hacia su forma de pensar y de sentir.

Siempre importa la primera impresión, los ojos no pueden escapar al físico por mucho que alardeemos de que “lo que importa es el interior”. Cuando conocemos a una persona lo primero que vemos es el físico.

En el cerebro se procesa la apariencia de manera instantánea, en menos de 2 segundos todo queda catalogado y clasificado, su forma de vestir, su complexión, su nariz. Tardamos una décima de segundo en determinar el atractivo de la cara para nosotros. Por lo cual, sí existe el amor a primera vista, por lo menos el amor físico.
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El cabello, el olor, un “no se que” en su forma de hablar, en su mirada, su risa, su humor que le funciona como un imán. Hay personas que aunque no sean guapas para la mayoría, sí tienen algo especial que los hace irresistibles.

Otros factores físicos que despiertan atracción sexual son el color de los ojos, una buena estatura, unos músculos bien formados o labios más gruesos; de hecho no somos tan diferentes a los animales.


La atracción sexual es física y química, pues los químicos (hormonas y sustancias) contribuyen a que surja, pero todo ello aderezado con una buena impresión inicial que genere sensaciones placenteras en nuestros sentidos ayudará a bombardear ese atractivo sexual.
Begoña Pombar


lunes, 6 de noviembre de 2017

ECHAR DE MENOS

En cada despedida intento
que en mis poros quede tu olor,
saborear con los ojos cerrados
cada pedazo que dejas de amor.

Cierro con llave los pensamientos
y las preguntas para no dañarme,
desde la distancia se lo que sientes
la soledad también se comparte.

Una llama encendida, mi alimento
de pasión que brilla incandescente,
tu rumbo lleva firme a puerto
la luz de mi Luna Creciente.

Comparto tu recuerdo
con mi solitaria almohada,
que vuelvas pronto espero
pues tus besos me hacen falta.

En el poema “Mi Luna Creciente” hablo de echar de menos a la persona que está a mi lado, alguien que tiene parte de su pasado en mi historia. Hablo de saborear el sabor dulce de aquellos momentos en los que estamos juntos antes de la despedida.

Echar de menos es eso, estar llenos de momentos con la persona amada, de recuerdos, de historias, de aventuras, es estar llenos de vida, también de vida pasada. Es por ello que debemos vivirlos así, sintiéndonos felices porque ocurrieron y de alguna u otra forma siguen estando en nosotros.

Por ello, permitámonos el volver a sentirlos cuando cerramos los ojos, añoremos su presencia cuando no está, llenándonos los ojos de lágrimas pero sintiéndonos felices porque ocurrieron y saborear el buen gusto que han dejado.
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En las cosas sencillas que a diario nos acompañan como una puesta de sol, el piar de los pájaros, un cielo estrellado, el murmullo de un rio o la sonrisa de tu pareja etc. Tenemos que ver la magia en lo que nos rodea y agradecer y reconocer las maravillas que enmarcan nuestra existencia.

Hay que empezar por agradecer ese maravilloso regalo que disfrutamos y que se produce con cada latido de nuestro corazón, es la vida.

Echar de menos es llenar de recuerdos tus momentos vividos.
Begoña Pombar