domingo, 21 de enero de 2018

TARDE DE VERANO

Era una perfecta tarde de verano. El aire acalorado atravesaba cada poro dormido del invierno y se despertaba con sensualidad, expulsando gotas doradas que daban brillo a la piel. Sofocante calor que aumentaba con los sorbos de una cerveza tomada a la sombra de los árboles de una terraza.

Sentada al fresco de la brisa del río, observaba los reflejos cristalinos de luz que se producían debajo de los arcos del puente al pasar el agua. Acompañada por una suave música que venía del altavoz.

Rompió mi corazón la escena que iba a presenciar. Un acto íntimo liberado espontáneamente. Me sentí como una intrusa invadiendo algo sagrado, la inocencia, la pureza de dos seres enfrascados en la alegría.

Un chico con una sonrisa traviesa, apuntó con la manguera y lanzó el chorro de agua directo a la chica que se acercaba, en plena calle. No pudo escapar, la cogió por sorpresa y ella protestó con energía para intentar escapar del chorro, pero iba empapándose cada vez más, su ropa ya se le pegaba al cuerpo, pantalón, blusa, esculpían sus formas femeninas.

A él le gustó tener el control, ella se relajó y dejó de protestar, le causó placer sentirse fresquita, dejó resbalar el embriagador líquido,  pero no dejó de pelear, entre risas la excitación fue en aumento y jugando consiguió que se mojaran los dos.

Aquellas risas, aquel momento capturado fue como descubrir un secreto sin pedir permiso. Como profanar un misterio, un tesoro.


Mis ojos se empañaron al ver esa sencilla felicidad.

Begoña Pombar

No hay comentarios:

Publicar un comentario