sábado, 18 de febrero de 2017

SALVADOS POR UNA PLUMA


Salvados por una pluma. Relato en La Voz de Galicia

La joven Lena era seguidora del equipo de fútbol de su ciudad. Esa tarde en el estadio y como una más, coreaba cánticos de ánimo transmitiendo su orgullo de pertenecer al equipo.

Mientras cantaba con decisión, su mirada se distrajo siguiendo el vuelo de dos palomas que se posaron cerca del área del portero, picoteando la hierba y levantando el vuelo huidizas cada vez que se acercaban los jugadores.

Estaban en el último partido de una temporada con muchas dificultades. Las expectativas eran bastante traumáticas, en ese partido se decidía permanecer en la categoría o descender.

Pasaban las ocasiones, el juego se había dormido, los cánticos vibraban ahora con una emoción contenida, rezo de desencanto, letanía de impotencia y desesperanza avivada por la visión de la derrota amenazadora. Había quién la quería. Se oían pitidos.

Pero la fortuna les iba a sonreír, aunque sufriendo hasta el minuto final. Y llegó, la esférica bola rotante después de  ser golpeada, trazó una línea hacia el espacio en el que una de las palomas, asustada al verse sorprendida, iba a ocupar.

Un segundo mágico en el que al rozar con el extremo de sus alas extendidas, una celestial  y leve pluma hacía desviar el balón. Ni siquiera la punta de los dedos del portero en su estirada pudo pararlo, dirigiéndose sin remedio en una parábola envenenada hacia el interior de la portería. Era el  precioso gol de la salvación. Final del partido.

Se quedó muda y estupefacta ante aquella  radiante visión, estaba lejos de allí. Todo el estadio festejaba la victoria, pero ella no podía creer que nadie se diera cuenta de lo que había ocurrido.

La pequeña pluma desprendida, fue cayendo y perdiéndose entre los cuerpos de los jugadores hasta posarse en el césped.


Lena se quedó rezagada en el asiento y esperó a que el campo se vaciara. Se acercó al lugar y buscó hasta encontrar la pluma extraviada. Permanece guardada en una página de su diario en la que marca el recuerdo callado de aquel  hermoso instante del pasado.
Begoña Pombar

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